Reaccionar

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Con las negociaciones para solucionar pacíficamente la situación de Honduras en un punto muerto, a estas horas Micheletti, Zelaya, Honduras, paz y entendimiento son las palabras necesarias para hilvanar este rompecabezas político-estratégico de repercusiones globales.

Puesto que la presión diplomática internacional unánime no parece haber hecho mella en la convicción de Micheletti de seguir en el poder hasta que se celebren las elecciones el 7 de noviembre, es hora de reaccionar de forma más contundente. Y contundente en este caso significa firme pero no violenta; perseverante pero no a cualquier precio; convincente, lúcida y rápida pero no improvisada. En resumen, unánime, democrática, eficaz y pacífica.

Y Estados Unidos y más concretamente Obama tienen, quizás muy a su pesar, el as en la manga que permitirá que la jugada pueda no resultar en farol. Es decir, le toca al Gobierno Obama presionar por todos los flancos al Gobierno hondureño de facto y, lamentablemente, a toda la sociedad de Honduras, para que la situación derive en el restablecimiento de la democracia.

Es necesario encontrar el camino que sea capaz fijar en la conciencia colectiva y, por supuesto, en quienes ostentan cualquier tipo de poder en el mundo, la necesidad imperiosa de que ningún golpe de Estado tenga éxito. Y de ese modo desterrar por fin el golpe de Estado y la violencia como alternativas válidas para decidir el destino de toda una nación.

Este clamor internacional para que se restaure la paz y la democracia en Honduras es la mejor noticia de toda la cuestión, ya que es la primera vez que se produce en América Latina una situación de claro respaldo a la democracia, desde todas las tendencias ideológicas.

Judith Belmonte Rivera